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Cuando
un cliente nos consulta por un problema, lo primero que nos planteamos
es establecer una adecuada relación con el mismo, basada en la cordialidad,
la autenticidad y la empatía.
Cordialidad
implica que el terapeuta no va a juzgar nunca a su paciente, que
va a aceptarle incondicionalmente. Autenticidad supone que
no existe ningún propósito oculto en el terapeuta
hacia su cliente;
al contrario, la comunicación se va a basar en la franqueza
y la sinceridad genuinas, con el único fin de ayudarle en
el afrontamiento de sus dificultades emocionales. La situación
terapéutica es clara y limpia. Empatía quiere
decir que el terapeuta es capaz de ponerse en el lugar del cliente,
comprender sus sentimientos, y ser capaz de transmitírselos
respetando la individualidad de ambos.
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Una
vez establecida la relación terapéutica, nos
proponemos recoger información sobre el problema por
el que nos consultan. Para ello, podemos utilizar la entrevista,
los cuestionarios, los tests y tareas de registro (enseñamos
al cliente al observarse a sí mismo).
Cuando
tenemos el diagnóstico elaborado, se lo comunicamos
al paciente de un modo constructivo, siempre sin juzgar y
sin culpabilizar. A continuación, le proponemos un
plan de tratamiento basado en la asistencia a sesiones de
terapia en las que se trabajan las dificultades que han sido
detectadas utilizando técnicas específicas.
Nosotros empleamos, principalmente, las técnicas de
terapia cognitivo-conductual, que se han demostrado eficaces
para un buen número de problemas emocionales.
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La
terapia cognitivo-conductual basa sus postulados científicos
fundamentalmente en dos principios: (1) La conducta puede modificarse
cambiando las consecuencias que siguen a la misma (2) No son tanto
las circunstancias ambientales las que causan las perturbaciones
emocionales sino nuestra particular forma de interpretarlas. Aunque
utilizamos estas técnicas de terapia, otorgamos mucha importancia
a la relación terapéutica, pues consideramos que es
la base para el cambio.
Las
sesiones de terapia suelen tener una frecuencia de asistencia semanal,
de una hora de duración, aunque esto puede variar según la naturaleza
del problema consultado y por otros condicionantes. Cuando el paciente
se siente recuperado, fortalecido y puede afrontar sus dificultades
por sí mismo, comienza el seguimiento. Este consiste en comprobar
la evolución de las dificultades consultadas a lo largo del tiempo,
espaciando las sesiones.
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