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Los
padres o tutores son los que realizan la primera consulta.
La
fase inicial consiste en recoger información actual y biográfica
sobre el niño, tanto de aspectos personales como de los ambientales
(familia, escuela...) Esto es relevante pues ayuda a comprender
qué factores están asociados con la aparición
de los problemas que el menor presente.
A continuación,
comienza la fase de diagnóstico. Esta consiste en una serie de sesiones
en las que, a través de distintos cuestionarios, tests y técnicas
se conoce al niño, su forma de pensar y de sentir ante la vida y
el problema por el que se ha consultado. Previamente, los padres
o tutores y el terapeuta han acordado cuántas sesiones de diagnóstico
van a realizarse.
Con
todos los niños no puede utilizarse el lenguaje como forma
de comunicación con el terapeuta. Algunos tienen miedo a
pensar y rechazan la verbalización. El lenguaje por excelencia
con los niños es el juego.
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El
juego es un lenguaje que tiene unos significados de índole
psicológica que hay que saber descifrar. Un niño
que ha sufrido un accidente de coche puede jugar al escondite
o reproducir en el juego con unos coches de juguete el trauma
que ha sufrido por el accidente. Un menor que juega a que una
tormenta derriba una casa puede comunicar con esta metáfora
su estado de ánimo negativo. Son sólo algunos
ejemplos.
Cuando
tenemos el diagnóstico efectuado, se lo comunicamos
oralmente a los padres o tutores. En esta misma sesión,
les proponemos un plan de tratamiento, especificando el tipo
de trabajo que con el niño se hará, cuántas
sesiones a la semana, la duración de las mismas y el
coste por sesión.
Nosotros
trabajamos con los menores en base a terapia de juego centrada
en el niño y también con terapia de juego cognitivo-conductual.
Según las características del menor y la naturaleza
del problema, proponemos una u otra.
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En
la terapia de juego centrada en el niño perseguimos, mediante
el juego, que el menor libere sus emociones traumáticas,
sea capaz de elaborarlas y desarrolle sentimientos de control sobre
sus problemas. En la segunda, las técnicas de terapia cognitivo-conductual
se presentan mediante juegos atractivos y preparados ad hoc.
Cuando
el menor presenta una mejoría generalizada de los problemas que
le trajeron a consulta, entonces comienza el seguimiento. Se espacian
las sesiones y se comprueba evolución y mantenimiento de las ganancias
terapéuticas en el tiempo.
El
juego, por sí mismo, es ya una terapia.
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